ANTES…

“Aquellos cíclopes saldrán esta noche y mañana de las entrañas de la tierra, y con sus barrenos, con sus picos, con sus cartuchos de dinamita, intentarán hacer saltar la Historia”- Joaquín Maurín, dirigente comunista del P.O.U.M., Octubre de 1934.

– … ¡Vamos, Dolores, corre que nos alcanzan esos hijos de puta!

– Ya no puedo más… creo que me he roto un tobillo. Sigue tú ¡Ánimo compañero…! Hasta siempre, mi amor…

– ¡Toma, coge esta pistola y dispara si es necesario!

El compañero de Dolores lanza el arma a los pies de su amiga. Ella, dolorida, agotada de puro cansancio, no duda ni un instante en recoger el arma del suelo. Ramón, que así se llamaba el compañero de partido de Dolores, también venido desde El Bierzo, como ella, a luchar por la Revolución, se encamina hacia la Calle Cimadevilla. Están escapando de los regulares y de la policía gubernamental, que los persiguen con saña para hacerlos prisioneros… o, en el peor de los casos, para matarlos. Tras ese primer instante en el que prevalecía el propio instinto de conservación, Ramón da marcha atrás a su veloz carrera, y regresa hasta la posición en la que había dejado abandonada a su amiga y compañera. Teme por su vida. Pero sólo tuvo tiempo para llegar y ver como un regular apuntaba desde bastante cerca a Dolores, disparaba y la hería en su muslo derecho, rematándola justo después clavando con saña su bayoneta calada en el estómago de aquella mujer indefensa que no había sabido manejar la pistola, y que sólo dispone ahora de un instante de vida, el suficiente para escupir en la cara al regular y llamarle ‘¡hijoputa fascista!’. Ramón mata al asesino antes de proseguir con su huida. No se le había pasado ni por la imaginación que alguno de aquellos que los perseguían podía actuar de forma tan rastrera, tan cobarde… Ya es demasiado tarde y no hay tiempo para las lágrimas, para lamentar la impune pérdida de su amiga, de su compañera, de su amante, de la esposa de uno de sus mejores amigos de adolescencia, aunque ya no se dirigían la palabra el uno al otro. “A ver cómo le cuento yo esto a Eutiquio… y esos dos niños, qué van a hacer ahora sin su madre…”, iba pensando Ramón mientras aceleraba su paso y cargaba al mismo tiempo el fusil arrancado de los brazos de aquel regular. De la bayoneta todavía chorreaba la sangre roja de su compañera. Era el día cinco de octubre de 1934, comenzaba la Revolución en Asturias.

“Las estadísticas oficiales publicadas por el régimen que acabó con la República estimaron en 4.336 el total de las bajas habidas en los sucesos de octubre, distinguiendo entre muertos, heridos y desaparecidos, así como entre paisanos y militares. La cifra más alta de muertos (1.051) y heridos (2.051) correspondía a los civiles, naturalmente”. – David Ruíz, INTRODUCCIÓN A OCTUBRE DE 1934.

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25 comentarios en “ANTES…

    • Vi el archivo de la novela, y que no había utilizado el “bercianlangran”, y me animé. No te fíes del inicio, Antonio, los viajes en el tiempo y los flashbacks son continuos. Sí tiene su importancia este episodio, como muchos otros posteriores en la relación entre Ramón y Dolores… Aunque ya nos trasladamos a 1996 en la parte siguiente. A ver…
      Un abrazo.

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  1. Te he dicho, en más de una ocasión, que me encanta la forma en que logras capturar cosas tan tragicas en apenas unas lineas. Unas veces pareciera te gusta ser brutal y gráfico (como la bala en el muslo y luego en el estomago, y el escupitajo), y otras más es algo cadencioso, sutil y trágico, como aquí “Ya es demasiado tarde y no hay tiempo para las lágrimas, para lamentar la impune pérdida de su amiga, de su compañera, de su amante, de la esposa de uno de sus mejores amigos de adolescencia, aunque ya no se dirigían la palabra el uno al otro”. Me parece curiosa la forma en que matas a un personaje en una linea pero matas a una relación en 3 o en 4. A mí eso me encanta, y bueno, me dejas picado. ¿Vas a publicar la novela por acá, o cómo?
    Un saludo 😀

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    • Gracias Daniel. Sí, esa es la idea, la intención, publicarla aquí por entregas semanales. Estoy revisándola, aunque no quiero corregir casi nada, que fluya como fluyó por mi mente y mis dedos allá por 1996 (la escribí a mano, hecho que me parece dificilísimo hoy en día).

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      • Eduardo Antonio Parra, excelente escritor mexicano, diría que no conoce otra forma de escribir, porque ayuda a la mente a pensar con claridad qué quiere decir y cómo desde la primera vez. Un saludo y espero poder leerla completa 🙂

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      • Es culpa de mi abuela y de sus hermanas, con las que casi se podría decir que me crié, que eran excelentes contadoras de historias. Eran capaces de comenzar por el final sin estropear ni un mínimo de emoción.
        Ah, y yo espero poder entregarla completa, parte a parte. Seguro que es así.
        Abrazo grande.

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  2. Pingback: LA VISTA ATRÁS – II | Ciclos de Mil Cabezas

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