… DE LA VIDA XLVI…

XLVI.

¿La Ley del Talión…? Sólo es algo intuitivo, lo cual deja campo libre a un posible error de cálculo. No estoy hecho para el ‘cine negro’, que, aunque me guste saborear una buena peli de Cagney o Bogart, acaba siempre por destruir mis defensas. Entonces, ¿qué coño hago yo metido a Pepe Carvalho, con el coche de un amigo, y pernoctando en un hotel de las afueras de Palencia? ¿Qué extraña necesidad me obliga a mí a jugar mi propio papel de héroe? No lo sé. Algo desconocido tira invisiblemente de mí; estoy atado a una cuerda sin fin que me lleva, me va llevando… Y lo más curioso es que me parece que estoy a punto de descubrir algo…

Ahora me siento cansado…

Dormiré y mañana temprano visitaré ‘Desguaces López’; puede que ahí esté la clave de todo el asunto… pero antes voy a llamar a Fernando, que debe estar acordándose de todos mis ancestros, y más que se acordará cuando le cuente que le jodí el piloto trasero derecho de un golpe al aparcar…”

Cada uno tiene sus manías: unos creen que existe algún dios y se entregan devotamente a él para los restos; otros viven por y para la política y sus consecuencias; y la amplia mayoría intenta disfrutar de alguna actividad extrasocial que inunde sus horas de ocio, llámese ésta cine, música, filatelia o incluso colombofilia, como en el caso del insigne padre de los siempre anárquicos Zipi y Zape, Don Pantuflo Zapatilla. Pedro constituye una especie de híbrido mezcla de música pop-rock, cine y literatura, todo ello aderezado convenientemente con una pizca de sustancias psicotrópicas. Dentro de la inmensa multiplicidad de manías, llamémoslas secundarias, que todo bicho viviente posee, Pedro abusa con demasiada frecuencia de una especialmente idiota, aunque siempre relajante para su saturado cerebro: las iniciales de las matrículas de los coches, con las cuales construye todo tipo de acrónimos a los que intenta dar sentido (semánticamente hablando, que para eso es un prototipo de futuro filólogo). Un ejemplo, O – cualquier serie de números – CA; separando la inicial de la provincia y las letras de serie de la cifra obtenemos OCA, que, aparte de ser un palmípedo, para Pedro significaría Organización Comunista Asturiana. Otro, S – … … – Y; SY: pasamos ya al terreno musical y, ¡cómo no!, Sonic Youth. En estas circunstancias siempre da vueltas a la rueda de su mente tratando de encontrar algún grupo, alguna organización, alguna canción cuyas iniciales coincidan con las letras de la matrícula; si después de transcurridos unos minutos lo ve imposible, entonces se inventa cualquier frase, idiota preferiblemente. El último ejemplo: MSP, Manic Street Preachers, o bien Minero Siderúrgica de Ponferrada.

Habitualmente, antes de irse para clase Pedro pone algo de música a todo volumen mientras disfruta de un humeante café con leche y uno o dos cigarrillos. Ese día, después de que Gloria, la madre de Javi, le hubiese negado el saludo al encontrársela por casualidad en el portal, se sentía raro… No sabía que CD poner en su nuevo equipo compacto musical, hasta que, al hacer una segunda ronda de reconocimiento por el estante – en tan sólo tres meses ya se había comprado la friolera de diecinueve CDs, más los cinco que le habían regalado – reparó concretamente en uno al que no había prestado excesiva atención desde que su primo Jose se lo había regalado a finales de septiembre: el ‘Satyricon’ de los Meat Beat Manifesto.

– … Meat Beat Manifesto… M… B. M. ¡Joder… ! ¡¡MBM!! ¡Hostiaputa! ¿Dónde he visto yo hace poco esas siglas…?

Ejercitó su memoria hasta el límite; sabía perfectamente que hacía muy poco tiempo había visto algún coche cuya matrícula contenía esas tres iniciales, y que, además, era el coche de alguien conocido. Cuando estaba a punto de exprimir la última gota de su masa gris, comenzó a recordar el sueño que lo había alterado unos días atrás.

– Claro, claro… ¡Seré gilipollas! M – 2067 – BM, el coche de Ingrid, el que conducía en mi sueño… ¡Es alucinante…como una premonición! Entonces ése tiene que ser el coche que atropelló a Javi; sólo recuerdo que aquel también era de color rojo, pero lo mismo podría ser un ‘Ford Fiesta’ que un 205… ¡Con el ciego que llevábamos…!

Ni siquiera se molestó ya en poner el CD, sólo cogió apresuradamente su carpeta y salió escopetado en dirección a la calle; tenía que llamar por teléfono a alguien de confianza y contarle el sueño antes de que pudiera olvidarlo. Pensó en Fernando casi automáticamente: “Este tiene buena memoria y seguro que, en cuanto se lo cuente, se acordará luego mejor que yo, que no me fío yo de mis propios sueños, sobre todo porque nunca logro recordarlos… y eso que lo intento”. Entró en una de las cabinas que hay frente a la estación de autobuses, y marcó el número de su amigo; al segundo tono, la voz de Fernando surgió al otro lado del hilo telefónico.

– ¿Sí? ¿Quién llama?

– Joder, menos mal que estás en casa…

– Pero… ¿Quién es?

– Soy yo, tío, Pedro. Vas a alucinar, acabo de recordar un sueño que tuve hace unos días, aquel día que te dije que notaba una sensación extraña, que me había despertado sudando, muy alterado…

– ¡Ah! Sí, sí, ya me acuerdo; fue el jueves pasado. Sí, es verdad que estabas un poco raro… no sé, como alicaído.

– Justo; flipo con tu memoria, tío… Oye, ¿tienes tiempo ahora?

– ¿Ahora mismo?

– Sí.

– No sé, tenemos clase dentro de… exactamente… treinta y siete minutos, bueno, depende de cuánto tiempo necesites…

– Es que tengo que contártelo ahora mismo, que si no seguro que se me olvida; ya sabes que nunca soy capaz de recordar lo que sueño, pero en esta ocasión, gracias a los ‘Meat Beat Manifesto’ me vino así, como de repente, a la memoria… y todo gracias a mi manía con las matrículas de los coches… Es un sueño bastante… cómo definirlo… surrealista; eso ¡surrealista!, pero creo que tiene hasta cierto sentido, que podría explicar algunas cosas…puede que hasta tenga cierto carácter premonitorio… no sé.

– Venga, pues al grano, que si no…

– Es de día, y yo voy caminando solo por una carretera comarcal. No hay trafico, tampoco señales indicativas. No hay cuestas, por eso puedo ver la infinidad de curvas a izquierda y derecha que me esperan… ¡No puedo pararme… ni dar media vuelta…! El camino me arrastra… …

Y allí quedó, grabado en uno de los infinitos ‘bytes’ del cerebro-esponja de Fernando. Quedaron después de clase a tomar unas cañas para así poder analizarlo conjuntamente, en equipo, e intentar, finalmente, elaborar una sinopsis interpretativa. La postura de Fernando no había cambiado ni un ápice.

– … ya no hay más que hablar; ahora te vas a la policía, das el número de la matrícula, y que ellos investiguen y descubran a quién pertenece el coche.

– ¡Joder; ya estás otra vez con lo mismo! ¡Qué no, tío; qué no! Que esto es algo que debo resolver por mi cuenta…es una mera investigación con fines aclaratorios. No te preocupes, que con lo que pueda descubrir, y si veo que es algo extremadamente grave, ya lo pondré en manos de la justicia, de vuestra puta justicia.

– Te vas a meter en un buen lío, ya verás…

– Qué no; que sé cuidar de mi mismo… No me pasará nada. Mañana mismo, a primera hora, me acerco hasta Tráfico y les cuento cualquier historia para ver si así pueden informarme sobre la identidad del dueño del dichoso ‘Ford Fiesta’… si es que en realidad existe algún ‘Ford Fiesta’ rojo con esa matrícula.

– Pero… ¿cómo lo vas a hacer?

– ¡Bah! Eso es fácil; está tirado engañar a los de Tráfico… Les diré que una persona me quiere vender un coche con ese número de matrícula, y que no me fío, que prefiero ser precavido por si acaso es robado, que sólo es por asegurarme al cien por cien… Ves, así de sencillo.

– No, si a ti tu imaginación un día te va a meter en un buen berenjenal… Mejor la usabas con fines mas didácticos e instructivos, como estudiar, por ejemplo.

– Vale, vale, papá… Joder, a veces no me explico cómo puedo aguantarte.

– Será porque me quieres, cariñín mío – dice Fernando a la vez que da un pellizco suave en la mejilla de su amigo.

– ¡Fernando?

– ¿Sí?

– ¡Vete a tomar por el culo!

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