… DE LA VIDA… II

II.

Iba caminando despacio, muy despacio, cuesta arriba y con un par de gramáticas del Inglés que debía devolver ese mismo día en la Biblioteca de la Facultad; la cabeza gacha, siempre mirando al suelo y oteando con la vista el camino para así evitar los posibles obstáculos, como, por ejemplo, cagadas de perro y de demás animales de compañía. La música estallaba en su resacoso cerebro; esa sensación cuasi-masoquista  de tener dolor de cabeza con pinchazos intermitentes a cada lado de las sienes – “… Nothing can stop me now” (nada puede pararme ahora), chillaba Trent Reznor, vocalista de “Nine Inch Nails”-, pero algo le frenó en seco: acababa de recordar lo que le había sucedido en la madrugada del último domingo. Palideció. Comenzó a sudar, un sudor frío que hacía resbalar gotas que rebotaban violentamente contra el suelo, y que se oían en su interior como ecos de disparos lejanos…

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…DE LA VIDA…

I.

                                   La vida se escapa en cada segundo que pasa.

                                   ¡Ni Dioses, ni hostias! ¿Para qué quiero la razón?

                                   ¿Por qué estoy aquí sentado, aburrido?

                                   No hay respuestas, ni verdaderas ni falsas,

                                   ni de ninguna condición.

                                   Os voy a contar una historia que os trasladará al infinito.

“Todos los días camino solo y me cruzo con mucha gente. De vez en cuando me veo en la siniestra obligación de contestar ‘¡Hola!’ o ‘¡Hasta luego!’. Otras, sin embargo, me paro a hablar con alguien.

– ¿Qué tal, tío?

– Yo bien, ¿y tú?

– ¿Qué haces por aquí?

– Nada, voy a comprar pan y leche y, de paso, a tomar un café aquí al lado. ¿Te animas?

– ¡Qué va! Llevo mogollón de prisa, que me están esperando unos colegas.

Etcétera, etcétera, etcétera… (En este punto podéis utilizar como banda sonora la parte final de “Sweet and Tender Hooligan” de los Smiths. ‘In the midst of life we are in death, etcetera’ ‘En mitad de la vida estamos en la muerte, etcétera’)

      A veces me gustaría poder decirle a éste, así como a muchos otros, ‘¡Qué te den por el puto culo!’, y seguir caminando a mi aire, poder elegir con quién quiero hablar, pero hablar con personas a las que tengas algo interesante que contar, o escuchar a alguien que sea capaz de plantearte algo mínimamente trascendente, no sólo gilipolleces banas. No pido mucho. Por cierto, me llamo Pedro y estoy aquí en Oviedo, estudiando y viviendo de la beneficencia paterna. No quiero trabajar. ¿Por qué tengo que trabajar? ¿Para producir cosas inservibles o para atosigar a otros y sentirme agobiado por lo que me manden hacer? Siempre hay alguien que manda, siempre se estrecha la pirámide más y más, cada vez más… Joder, cómo me estoy enrollando. Me voy a coger estas dos gramáticas – “Transformational Grammar” y “Barriers”, este último de Noam Chomsky, un tío majo, de los que dan auténtica caña a la CIA y a toda esa panda de hijos de puta – y me piro para clase. Estudio Filología Inglesa – cuarto curso, concretamente -, hoy es miércoles y tengo resaca. No es muy aconsejable salir de copas entre semana”.

ANTES…

“Aquellos cíclopes saldrán esta noche y mañana de las entrañas de la tierra, y con sus barrenos, con sus picos, con sus cartuchos de dinamita, intentarán hacer saltar la Historia”- Joaquín Maurín, dirigente comunista del P.O.U.M., Octubre de 1934.

– … ¡Vamos, Dolores, corre que nos alcanzan esos hijos de puta!

– Ya no puedo más… creo que me he roto un tobillo. Sigue tú ¡Ánimo compañero…! Hasta siempre, mi amor…

– ¡Toma, coge esta pistola y dispara si es necesario!

El compañero de Dolores lanza el arma a los pies de su amiga. Ella, dolorida, agotada de puro cansancio, no duda ni un instante en recoger el arma del suelo. Ramón, que así se llamaba el compañero de partido de Dolores, también venido desde El Bierzo, como ella, a luchar por la Revolución, se encamina hacia la Calle Cimadevilla. Están escapando de los regulares y de la policía gubernamental, que los persiguen con saña para hacerlos prisioneros… o, en el peor de los casos, para matarlos. Tras ese primer instante en el que prevalecía el propio instinto de conservación, Ramón da marcha atrás a su veloz carrera, y regresa hasta la posición en la que había dejado abandonada a su amiga y compañera. Teme por su vida. Pero sólo tuvo tiempo para llegar y ver como un regular apuntaba desde bastante cerca a Dolores, disparaba y la hería en su muslo derecho, rematándola justo después clavando con saña su bayoneta calada en el estómago de aquella mujer indefensa que no había sabido manejar la pistola, y que sólo dispone ahora de un instante de vida, el suficiente para escupir en la cara al regular y llamarle ‘¡hijoputa fascista!’. Ramón mata al asesino antes de proseguir con su huida. No se le había pasado ni por la imaginación que alguno de aquellos que los perseguían podía actuar de forma tan rastrera, tan cobarde… Ya es demasiado tarde y no hay tiempo para las lágrimas, para lamentar la impune pérdida de su amiga, de su compañera, de su amante, de la esposa de uno de sus mejores amigos de adolescencia, aunque ya no se dirigían la palabra el uno al otro. “A ver cómo le cuento yo esto a Eutiquio… y esos dos niños, qué van a hacer ahora sin su madre…”, iba pensando Ramón mientras aceleraba su paso y cargaba al mismo tiempo el fusil arrancado de los brazos de aquel regular. De la bayoneta todavía chorreaba la sangre roja de su compañera. Era el día cinco de octubre de 1934, comenzaba la Revolución en Asturias.

“Las estadísticas oficiales publicadas por el régimen que acabó con la República estimaron en 4.336 el total de las bajas habidas en los sucesos de octubre, distinguiendo entre muertos, heridos y desaparecidos, así como entre paisanos y militares. La cifra más alta de muertos (1.051) y heridos (2.051) correspondía a los civiles, naturalmente”. – David Ruíz, INTRODUCCIÓN A OCTUBRE DE 1934.