… DE LA VIDA LVII…

LVII.

La música a todo trapo hace que hasta las paredes se tambaleen. Pedro y Javi están escuchando un disco de los Dead Kennedys – ‘Fresh Fruit For Rotting Vegetables’ (fruta fresca para vegetales podridos) -. Fuman un porro antes de salir por ahí de marcha mientras disfrutan de la voz de Jello Biafra y charlan distendidamente. Es un sábado cualquiera… como otros, pero la madre de Ingrid está muy preocupada porque su querida hija salió el día anterior, viernes, a tomarse unas copas y todavía no sabe nada de ella.

-… ‘Quiero a tu hermana en silencio’

– ¿Qué dices?

– ¡Eh? No, nada, nada. Sólo repetía mecánicamente una frase: ‘quiero a tu hermana en silencio’.

– No jodas… ¿a Andrea?

– Justo, lo que yo decía. A ver cómo cojones te lo explico… O sea, tú acabas de entender que yo estoy colado por tu hermana Andrea.

– Sí, tú lo acabas de decir… yo no me estoy inventando nada.

– Esa frase – ‘quiero a tu hermana en silencio’ – tuve que representarla ayer en clase, en el encerado, delante de todo el mundo. Se trata de una asignatura – Sintaxis Transformacional … todo ese rollo que te conté de Chomsky, ¿lo recuerdas?

– Sí, he de reconocer que era un puto rollo macabeo. No entendí un pijo.

– Pero si es muy fácil, Javi.

– No se te estará pasando por la cabeza volver a contarme todo aquel lío del ‘antecesor común’, de…

– Ya verás cómo hoy lo entiendes, tío.

– Joder, que mal rollo que me está dando. Entre el peta y tú vais a acabar con mis pobres neuronas.

– Tú escúchame atentamente y luego opinas, ¿vale?

– Joder, si no me queda más remedio…

– Es una idea de lo más revolucionaria. Tú imagínate, tío, un ‘pavo’ con veintitrés años recién cumplidos que publica su primera gramática, ¡la hostia…! Pero no una gramática al uso en la que sólo se ven estructuras y más estructuras de distintos tipos de oraciones, sino una que basa todo su razonamiento en lo que él denomina como Gramática Universal, común a toda la raza humana. Todas las lenguas se derivan de un único antecesor común. El dice que la capacidad del lenguaje es innata al ser humano…es una idea muy igualitaria, muy comunista en el amplio sentido de la palabra, ¿no crees?

– Yo no creo nada… nada de nada. Todo eso no son más que chorradas.

– No, no son chorradas. Si leyeses algo de lo que Chomsky escribe alucinarías, pero alucinarías de verdad. No es solamente un siniestro lingüista, también investiga a un niveeel… digamos que sociopolítico. A pesar de ser estadounidense, critica con extrema dureza la política exterior de su país, a la CIA, al FBI… Espera un segundo – Pedro se levanta del suelo, sobre el que estaba sentado casi como un yogui, y se acerca a su pequeña biblioteca, compuesta por una sola estantería, aunque, eso sí, rebosante de volúmenes. Coge uno con su mano derecha y regresa a su sitio para sentarse sobre el frío parqué y leer un párrafo a su amigo Javi -. Escucha esto: ‘Como Estados Unidos continuaba con lo que los nazis habían dejado a medias, tenía mucho sentido usar especialistas en actividades contra la resistencia. Más tarde, cuando se hizo difícil o imposible proteger en Europa a esta gente útil, muchos de ellos (incluso Barbie – se refiere a Klaus Barbie, uno que había sido jefe de la Gestapo en Lyon, el Carnicero de Lyon…)

– Sí, ese sí que me suena. Hace poco que salía en la tele por una condena o algo así.

– Sí… algo así. Pues resulta que al tal Barbie, el Ejército de los Estados Unidos le había encargado espiar a los franceses. Para que veas cómo funcionan las cosas en las cloacas del poder… Por dónde iba… ah, sí. ‘…(incluso Barbie) fueron llevados en secreto a Estados Unidos – ves, lo que yo te estaba diciendo – o a Latinoamérica, a menudo con la ayuda del Vaticano y de curas fascistas.’ Ese es Noam Chomsky.

– Bueno… ¿y qué?

– ¡Bueno y qué! ¡Bueno y qué! ¿Eso es todo lo que se te ocurre?

– Tío, que yo paso de politiqueos. No son más que putos rollos que interesan sólo a los que manejan el poder. A mí ni me van ni me vienen.

– Eso es, configuremos un perfecto rebaño para que todos esos hijos de puta sigan manejando todos y cada uno de nuestros hilos.

– Es mucho más complejo, Pedro… Muchísimo más complejo de lo que tú te puedas llegar nunca a imaginar.

– ¿El qué?

– La vida, tío. La puta vida.

– Tampoco hay porque ponerse trascendentes… no es para tanto… … … … … Si te das cuenta, toda esta conversación deriva de ‘quiero a tu hermana en silencio’. Tan sólo es una oración ambigua, sin más.

– ¿En qué sentido ‘ambigua’?

– Puede tener dos significados: quiero que tu hermana se calle, que esté en silencio, o el que tú habías entendido antes.

– Pues yo sólo veo uno, ese, el que yo había entendido: que te mola mi hermana pero que no se lo dices a nadie.

– A ver, imagínate que ahora Andrea está aquí con nosotros, y que no deja de dar voces y me está molestando un huevo (es algo figurado, eh. No vayas a pensar que tengo algo contra tu hermana) y yo, en vez de dirigirme directamente a ella, te digo a ti en un tono enfadado: ‘¡quiero a tu hermana en silencio!’.

– Pues vaya una cursilada de frase. Conociéndote, seguro que me dirías: ‘¡qué se calle tu jodida hermana de una puta vez, hostia!’

– También es verdad. Por eso no supe responder a la profesora cuando me preguntó allí, frente a toda la clase, por la ambigüedad de esa frase. Por eso la estaba repitiendo de forma mecánica… Yo tampoco era capaz de sacar esa interpretación… me parece, no sé, como muy eufemística aplicada a esa situación.

– Sí.

– Oye, Javi, ¿te encuentras bien? No sé, te veo raro… tienes hasta mala cara.

– No estoy del todo bien. Ultimamente estoy durmiendo fatal, tío.

– ¿Y eso?

– Tengo sueños chungos, pero la hostia de chungos. Puedo estar soñando con una tía, con que juego un partido, con cualquier cosa, y, de repente mi abuelo se introduce en mi sueño y lo jode todo.

– ¡Hostias, como el Freddy Kruger!

– Hombre, no a ese nivel, pero sí que me fastidia.

– Desde luego, sí que es chungo, sí…

– A mí me tiene acojonao… ¿Qué hostias podrá significar…?

– No tengo ni puta idea; no soy Freud. Pero no te preocupes, tío, que ya se irá de tus sueños.

– Espero que sí, porque no creo que lo resista por mucho tiempo… Me da miedo, mucho miedo…

– Tu abuelo murió, ¿no?

– Supongo que sí, porque en mi vida lo he visto.

– Entonces, ¿cómo sabes que es él?

– Por una foto. De mi abuelo, el padre de mi padre, sólo tenemos una foto: está de pie, vestido de miliciano, fumando apoyado en unos sacos que componen una barricada; debe estar tomada en Madrid. Y es esa cara, no tengo la menor duda.

– También yo sólo conozco a mi abuela Dolores a través de fotografías… Me hubiese gustado poder conocerla en persona, aunque sería muy distinto: ahora sería una viejecita refunfuñona, y no esa guapa mujer de aquella fotografía. A lo mejor ella se introduce en mis sueños, como tu abuelo… la diferencia está en que yo nunca recuerdo ni un puto sueño, ¡ni uno!

– Ya me podía pasar eso a mí, joder… ¡Si yo nunca me he interesado por él…! Fue un cabrón de mierda. Le hizo un hijo a mi abuela – mi padre – y desapareció… y digo que fue un cabrón, pero yo no sé si eso es verdad o no. No sé de dónde era, sólo sé que no era de Madrid… pero sí que estaba allí cuando la guerra, resistiendo como uno más… puede que le hubiese ocurrido algo, pero ya es coincidencia que justo el día en que mi abuela Juana le contó que estaba embarazada de él, el tío va y desaparece misteriosamente; se esfuma… Demasiada coincidencia me parece a mí. Creo que se llamaba (o llama, porque igual está vivo aún) Manuel. Tampoco estoy muy seguro… mi padre nunca quiere hablar del tema, y mi abuela murió cuando mi padre tenía ocho años, así que…

– A mi abuela Dolores le ocurrió exactamente lo mismo. Eso si que es una coincidencia… La abandonaron a su suerte con un hijo en su vientre – mi tío Carlos, el que está en Buenos Aires.

– Sí, lo recuerdo… recuerdo toda la historia de tu abuela. Me la contaste el año pasado, un día que había tormenta y que nos quedamos aquí bebiendo y fumando porros.

– Sí, es verdad.

La música ya no suena. Jello Biafra se calló hace ya un cuarto de hora, y el silencio total se hace harto necesario para que cada uno estrangule los recuerdos no vividos, pero que al fin y al cabo pertenecen a su familia, a lo más hondo de cada una de sus conciencias. Pedro enciende un cigarrillo y se atreve luego a romper el muro de silencio que divide su habitación en dos.

– Oye, Javi; si no te apetece salir, aviso a Carlos y nos quedamos aquí.

– No, hombre, tampoco me siento tan mal como para quedarme en casita un sábado, como un gilipollas.

– Cómo quieras.

– ¿Con quién has quedado?

– Bueno, aparte de con Carlos, con Silvia y Marta, las de mi clase.

– Mola, tío. Silvia esta buenísima… y es una tía supermaja. ¿A ti te mola?

– Sí, claro. Pero no es más que una amiga de clase. No quiero yo rollos chungos con ninguna tía de clase, ni de la Facultad, que luego tendría que verla a diario.

– Joder, a buenas horas vienes tú con prejuicios. Yo, cualquier día de estos le entro a saco, tío.

– Bueno; ése es tu problema.

– ¿Qué es, que te parece mal?

– ¡Pero tú eres gilipollas o qué!

– Joder, tío, no tienes porque ponerte así.

– ¡Así cómo?

– Como un puto basilisco.

– Pero si tú no sabes ni lo que es un basilisco, joder.

– ¿Un obispo o algo así?

– ¡Un obispo! ¡ja, ja, ja, ja, jaaaa…!

– Joder, yo lo decía porque me suena así como a basílica… a obelisco, ¿no?. A ver, listo de los cojones, qué coño es entonces un puto basilisco.

– Es un bicho, tío, un reptil pequeñajo parecido a una iguana.

– ¡Dios mío; estoy frente a un diccionario con patas…! ¡Adoremos al sumo gurú de la infinita sabiduría!

– Venga, déjate de gilipolleces y hazte otro peta.

– Sus deseos son órdenes, ¡oh, pontífice del basilisco…! ¿Te cuento un chiste?

– Vale. Pero, mientras, te vas haciendo el peta.

– Pásame el papel… Un sargento de la Guardia Civil, todo uniformado y tal, entra en una farmacia y grita: ‘¡VICKS VAPORUB!’, y el farmaceútico va y reacciona como un sputnik y contesta: ‘¡VICKSVA!’.

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… DE LA VIDA… XXXI

XXXI.

Esteee, ¿y no tenés ninguna foto de mamá para que pueda shevarme sho una?

– Alguna habrá por ahí, pero eso mejor se lo preguntas a tu sobrino, que es el que lleva el archivo fotográfico de la familia. No veas la perra que le ha dado con las dichosas fotos.

– Muy bien, de acuerdo. Entonses esperaré a que regrese del colegio. Me parese recordar que mamá tenía una frente a la Cooperativa de Tabacos, ¿no es sieeerto?

El tío Carlos llevaba dos días en casa de su hermana. La relación entre ellos, que en principio se suponía iba a ser tensa y tirante, se había mostrado mútuamente agradable, incluso hasta se podría decir que familiar. Angustias pensaba que con la edad su hermano se habría transformado en una persona, si no responsable, al menos coherente y con un mínimo de educación, que sabría estar sin la necesidad de alimentar odios pasados y antiguos reproches no del todo solucionados. Daba igual, sangre de la misma sangre – al menos en lo que a la parte materna corresponde – tiene que acabar por entenderse.

El padre de Carlos – cuyo nombre Dolores nunca quiso pronunciar – abandonó a Dolores a su puñetera suerte, con un recado en sus entrañas, que unos meses después cobraría vida en forma de niño llorón, cagón y meón al que llamarían Carlos, por Carlos Marx; Carlos el querido, el ojito derecho de su mamá.

Corría el año 1927. El otoño se presentaba muy duro, con heladas de hasta seis o siete grados bajo cero, y más aún para Dolores. En un pueblo tan pequeño la presión social sobre una madre soltera podía resultar insostenible; pero no para Lola, la hija de Antonio “El Carretón”. Lola “La Carretona” aguantó el tipo, aunque no sola ya que además contó con el desinteresado apoyo de sus amigas del alma, Hortensia y Anunciación. Juntas lograron montar una Sociedad Cooperativa de Tabacos que en tan sólo dos años estaba funcionando a pleno rendimiento. Casi todos los cosecheros llevaban allí sus hojas de tabaco y, juntas, sin jefes, controlaban desde el secado de la hoja hasta el último movimiento, bien de venta a industrias tabaqueras, o bien de elaboración de cigarros puros propios, al más puro estilo de la propia Habana, CIGARROS PUROS BERCIANOS.

Juntas también ingresaron en el Partido Comunista de España en mayo de 1930. Y juntas de la mano salieron a la calle el 14 de abril del 31, uniéndose a sus compañeros y compañeras al grito de “¡muera la República burguesa, vivan los soviets!”.

Mientras tanto, Carlos iba creciendo, contra lo previsto en estos casos de madre-abandonada-por-padre-angustiado-ante-la-situación, recibiendo todo el cariño posible de su madre. Se estaba convirtiendo en un chavalón gordote y sonrosado, es decir, sanísimo para los cánones estéticos y de salud de la época. Eran tiempos libertarios, puede que incluso felices. Pero Carlos no pudo entender muy bien por qué así, de repente, con casi cinco años de edad, en su casa se había instalado un señor que no cesaba de mostrar aprecio por su queridísima mamá. Con poco más de cinco años y medio tenía ya una hermana, a la que llamaron Angustias, nombre que en el futuro le vendría que ni pintado.

Desde ese instante hasta el momento presente nada había transcurrido con normalidad entre los dos hermanos. Primero se muere su único punto de unión, la madre; comparten luego niñez criados por un padre que sólo ejerce como tal con el fruto de su propia semilla. Carlos, que ya estaba ahí cuando el señor Eutiquio llegó para robarle a su madre, sólo aguantó hasta los diecisiete años en aquel ambiente tan enrarecido, tan hostil para con él – por un lado Eutiquio y Angustias, y por el otro los civiles que le hostigaban con demasiada asiduidad por culpa de sus ideas -. Se fue y se olvidó por completo de todos sus lazos, incluida su hermana. Más adelante, tocado por la acción imprevisible de la conciencia, sintió la necesidad de saber de su única hermana. Comenzó a escribirle cartas que tardaron mucho tiempo en ser contestadas, hasta que un buen día… “Hola, Carlos. Soy tu hermana Angustias, y te escribo estas letras para comunicarte que he tenido un hijo. Me casé hace ya diecisiete meses y…”

– ¡Ya estoy en casa! ¿Qué hay hoy para comer? Que vengo famélico, que el de gimnasia nos dio un tute…

– ¡Hola, hijo! Hoy tenemos lacón con grelos, y de primero una sopa de pita que está para chuparse los dedos.

     El entendimiento madre-hijo prevalecía por encima de los problemas derivados del choque generacional, que cada vez eran más intensos, lo que, como efecto contrario y compensador, también provocaba momentos mucho más afectuosos que antaño entre ellos. Llegar de clase, dar un beso en la mejilla a mamá a la vez que robas una patata frita de la fuente para llevártela a la boca, cuyos labios aún dibujan la forma de un beso, constituía, en estos días, un habitual y sencillo acto de amor materno-filial. Toda esa mutua afectividad resultaba especialmente dura ante los ojos del tío Carlos, allí sentado en una esquina, pasando casi desapercibido. El no tenía hijos, no tuvo nunca padre, y los recuerdos de su madre se habían disipado casi por completo. Por esa razón quería una foto que pudiese activar en su cerebro algún recuerdo oculto entre sus ajadas neuronas.

¡Ché, Pedrito! Parese que venís de una bataaasha.

– Pues sí, tío, sí que vengo de una batalla, porque además del de Gimnasia, aguantar al de Filosofía no deja de ser una batalla psicológica. Aunque sobre temas psicológicos, qué te voy yo a contar, si vienes de la Argentina, patria de la psicología aplicada, ¿no?

– Eso disen, pero sho, un ser sin casi cultura, no nesesito psicólogos de esos, sólo nesesito reconsiliarme con mis raíses.

– Bueno, bueno, tío. No nos pongamos tiernos, que hay que comer ya, y…

– Por sierto, dise tu madre que vos tenés las fotos de mi madre, de tu abueeela.

– ¡Ah! Las fotos. Sí, las guardo dentro de una caja antigua de cartón en mi armario. ¿Quieres verlas?

– Sí, por supuesto. Pero luego, que ahora tu mamá está poniendo sha la meeesa.

– Sí, eso, después, que si no os enrolláis y se me enfría la comida. Que no me paso yo toda la mañana cocinando para que luego nadie aprecie mis guisos.

Justo después de que Pedro y su tío Carlos apagasen sus respectivos cigarrillos casi al unísono – el tío fumador que sirve como apoyo logístico a los inicios de Pedro como Hombre-chimenea evita que haya broncas como consecuencia de su nuevo hábito – se dirigieron a la habitación en la que Pedro, como un gran tesoro, tenía guardadas varias fotografías antiguas que había encontrado, por pura casualidad, ocultas en un cajón del desvencijado escritorio que reposaba plácidamente en el desván. De los personajes retratados en esas fotos, Pedro sólo era capaz de señalar quién era su abuela, y nada más, aunque en aquellos amarillentos y resquebrajados papeles también había quedado reflejada mucha otra gente. ¿Quiénes serían?

Carlos quería una foto. Pedro quería la información que le era reiteradamente negada por parte de su madre. Sin duda alguna, existía una predisposición recíproca para llegar a un acuerdo. Se intercambiarían mútuamente el favor, pero no sin dejar de regatear como buenos comerciantes.

– Me vienes que ni pintado, tío.

– ¿Por qué desís eeeso?

     – Joder, porque mi madre, o no sabe quiénes son los de las fotos, o no quiere decírmelo. Tampoco quiere contarme lo que ocurrió con la abuela. No sé, debe haber algo raro en el pasado de mi abuela, y a mi se me niega el saberlo. ¿Tú estás dispuesto a ayudarme?

– ¿A contarte la historia de mi viejita, y a desirte quiénes son los que aparesen aquí?

– Sí, a eso me refiero.

– Pues claro, pibe. Yo era muy pequeñito cuando se murió mi madre, pero sé bien todo lo que susedió. Pero antes tenés que prometerme una cooosa.

– ¿El qué?

– Quiero que me des una foto de la vieja, de tu abuela, que sho no tengo ninguuuna… Me marché así, tan de repente que…

– De acuerdo. Trato hecho.

– Me acuerdo de que había una en la que estaba enfrente de la Cooperativa de Tabaaacos.

– Sí, mira, es ésta. Pero ésa precisamente no puede ser. Es la que mas me gusta, la que más aprecio. Y, además, no sé, noto muy buenas vibraciones cuando miro esa foto. A veces, cuando las cosas no me salen bien, voy a la caja, saco esa foto y me paso un largo rato mirándola a los ojos… Luego me siento mejor.

Se da cuenta de que su tío siente algo similar ante aquel papel de diez por quince en el que, en un amarillento blanco y negro, se ve a una mujer sonriente señalando con el dedo índice de su mano izquierda un cartel que se distingue al fondo en el que perfectamente se puede leer “Sociedad Cooperativa de Tabacos de Cacabelos”. Carlos no puede evitar que un par de lágrimas reboten violentamente contra el acartonado papel.

– No te preocupes, tío. Tengo la solución. Le diré al fotógrafo que haga un par de copias, y así te llevas una. ¿Vale?

Carlos responde con un pausado movimiento de su cabeza, de arriba a abajo, asintiendo sin poder articular palabra. Pedro no puede, sin embargo, disimular la emoción que le produce el poder conocer, tarde pero a tiempo, qué misterio insondable habría con su abuela Dolores.

… DE LA VIDA XX…

XX.

– ¡Hala! Voy a fregar; para que luego digas que si no hago esto, que si no hago lo otro. ¡Joder! Siempre quejándote, tío.

Carlos se puso un mandil de los de “Todo a Cien”, abrió el grifo del agua caliente, y se dispuso a la dura batalla contra los sucios elementos.

– Muy bien, entonces nosotros nos vamos a escuchar algo de música a mi habitación.

– Vale, tío. Acuérdate de que dentro de una hora empieza el partido del Barça contra el Manchester, y aún tenemos que organizar la porra, ¿eh?

– Sí, sí, luego, cuando lleguen todos.

– ¿Te quedarás, eh Fernando? Puedes participar en la porra. Ponemos quinientas pelas cada uno y también nos jugamos unas copas para el sábado.

– No, gracias. Tengo que pirarme dentro de un rato y, además, no me gusta el fútbol.

– Pues nada, tú te lo pierdes. – Acaba diciendo Carlos, no sin dejar de pensar quién sería aquel tío tan raro al que no le gustaba el deporte rey.

La imprevista llegada de Carlos había interrumpido el existencial monólogo de Pedro, justo cuando estaba llegando al punto álgido, al clímax.

Habían tomado el café mientras charlaban distendidamente sobre temas intranscendentes. Librarse de la presencia de Carlos en la cocina era una misión harto difícil, tan imposible como sodomizar a una muñeca “Barbie” no hinchable. Los intercambios de miradas entre Pedro y Fernando delataban en ellos un estado rayano a la angustia metafísica. Tenían una hora de tiempo; en una hora, Pedro debía terminar su autobiográfico relato. Transcurridos esos sesenta minutos, todos sus compañeros de piso más algunos vecinos, amigos, y amigos de amigos comenzarían a vociferar delante del televisor, mientras veintidós hombres en calzoncillos, siguiendo una ceremonia de alto contenido pseudo-erótico, correrían tras la estela de una esfera de cuero blanquinegra.

– Mientras éste friega y van llegando los demás a invadir mi espacio vital, voy a terminar de contarte lo que queda. (A veces es una gran putada que la única televisión que hay en este piso esté en mi habitación, sobre todo en días como hoy. Y que conste que a mí me gusta el fútbol. Pero también es lógico, la televisión es mía…) Espera, que pongo algo de música para disimular – Pedro agarra la primera cinta de casette que ve y la inserta en el aparato reproductor, le da al play y comienza a sonar “Kennedy” de The Wedding Present, gran coincidencia como banda sonora para acompañar su relato; too much apple pie? – ¡Jodeeer! ¡Ves? Ya me estoy enrollando otra vez como una puta persiana. Debes estar un poco hasta los cojones.

– ¡Qué va! Al contrario, estoy intrigadísimo por llegar al desenlace.

– Pues nada, allá va. Yo estaba fuera con Ingrid, etc., etc. La fiesta se acaba, y yo volvía a estar recuperado después de mi segunda vomitona. Decidimos regresar al salón. Nos hicieron esta foto, obra de mi primo Jose, que estaba por ahí haciendo el pijo con su cámara. Luego, ella se tenía que ir y nos intercambiamos nuestras direcciones; me dijo que si iba a Madrid que la llamase, y todo eso que se suele decir al despedirse para quedar bien. Cuando se va a decir adiós a su primo Jesús (el novio, el que se había casado con mi prima), ahí comienzan a cambiar radicalmente mis sensaciones; en ese instante, mi enamoramiento pasa a un segundo plano, y no dejo de controlar a mis padres. Estaba invadido por un pánico tremendo. Ya ves, la primera vez que me rebelaba, que meaba un poco fuera del tiesto, y ya estaba cagado de miedo. Pero nada, al final todo ese miedo se vio injustificado: no me dijeron ni pío. Nada de nada… Bueno, hasta el día siguiente, que salió el tema, pero eso ya es otra historia.

Pedro miraba continuamente las manecillas de su reloj, que le superaban, corrían mucho más aprisa que su enlace nervioso cerebro – aparato fonador. No quedaba más remedio que desechar las piezas de información accesorias, que Barça y Manchester United se encontraban ya haciendo ejercicios de calentamiento sobre el césped del Nou Camp para, en unos minutos, enfrentarse en un encuentro de la fase previa de la “Champions League”.

– Comenzamos a escribirnos cartas. En cada una, descubría algo nuevo acerca de ella. Eran cartas casi noveladas, con infinidad de detalles escondidos que la iban descifrando. La vi dos veces más; vino a Oviedo y volvimos a hacer el amor, lo que me dejó hecho un auténtico lío. Seguía sin entenderla del todo.

En ese preciso momento suena el timbre de la puerta. Carlos, que aún fregaba con prisa y sin pausa, va a abrir, y se encuentra con dos de sus amigos, que aparecen envueltos en bufandas de colores azul y grana. Se acaba el tiempo muerto, y Pedro lo apura hasta el límite.

– Joder, quería llegar hasta Javi.

– ¿Qué Javi?

– Mi colega, uno moreno, alto, de pelo largo liso que vive en el piso de al lado.

– ¡Aaah! Sí, también lo conocí en la última fiesta.

– Pues Javi está en la UCI, en el Hospital Central. Hoy me acordé de todo lo que sucedió el sábado pasado o, mejor dicho, el domingo de madrugada. No se puede beber y fumar hasta llegar al límite de no recordar nada. A veces me pasa, pero hoy, así, de repente, me vino a la memoria toda la escena…¡La de dios! No entiendo cómo no pude recordarlo estos tres días anteriores…

Los futboleros se acercan a la habitación entonando sus cánticos de ‘hooligan’, con varias latas de cerveza en sus manos. Están a punto de entrar en cuadro.

– Fernando, creo que todo es consecuencia de la venganza de Ingrid.

– ¡¿Qué?! Pero, ¿qué tiene que ver Ingrid con Javi? No entiendo nada…

– No lo sé, joder… no lo sé. Por eso estoy inmerso en un follón tremendo, un lío descomunal. No sé qué coño hacer.

Se abre la puerta del cuarto. Tres personajes secundarios irrumpen en la escena. En unos instantes comenzará el tan esperado partido, para muchos el centro del Universo durante las próximas dos horas.

… DE LA VIDA XIII…

XIII.

Pedro apuró las últimas caladas del porro y bebió whisky de la petaca que Ingrid se había traído consigo. Comenzaba a sentirse, de nuevo, un poco mareado. No quería hacer nada, tan sólo dejarse perder en el agujero negro de su interior, y escuchar lo que la chica morena que había conocido hacía unas horas le tenía que decir. Ni siquiera pensaba en sus padres, ni en lo que pudiera ocurrir cuando llegase el momento de marcharse para casa. Sentía, cada vez con más convicción, lo futil que había sido su vida hasta ese momento, no ya por haber probado las drogas, o haberse estrenado, aunque sin éxito, en el terreno sexual. No, lo único que sentía era que hasta ese día había vivido como un caracol, un puto caracol que vive con suma lentitud, y que siempre opta por el camino más fácil, el que contenga menos obstáculos. Ahora estaba decidido a buscar rincones, recovecos de vida nueva que pudieran aportarle sensaciones distintas cada día. Punto final a las aburridas partidas de ajedrez, a las horas malgastadas como ratón de biblioteca rodeado por insulsas novelas históricas y tomos de las más variopintas enciclopedias. Como primer paso a tomar, debería buscarse algún amigo. Sentada a su lado podía estar su primera oportunidad, su nueva amiga , o puede que su primer amor, opción que dependía exclusivamente de ella, ya que él estaba dispuesto a todo, listo para la batalla.

– Cuéntame algo, el silencio me agobia, y llevamos ya un buen rato callados. No sé… qué estudias, si sales con alguna chica… Lo que se te ocurra.

– Pues no se me ocurre nada. Mi vida podría contártela en un par de minutos como máximo, pero prefiero no hacerlo porque entonces pensarías que soy un gilipollas, que lo soy, seguramente… Y tú eres mi primera chica; nunca me había fijado en ninguna… Bueno, María José era mi amiga, y yo debía gustarle y todo eso, pero hace tres años aún no había yo desprecintado mi cerebro… Ni hace dos años, ni hace dos días, hace tan sólo … (Pedro interrumpe su diatriba para mirar la hora en su reloj, y ve que es la una menos cuarto de la madrugada) … unas dos horas, más o menos.

– ¡Joder, qué fuerte! Así que tú eres el típico niño bueno, aplicado en clase y sin ninguna falta de disciplina en su vida. ¡Bah! No creo que sea culpa tuya, aún no te habría llegado el momento de espabilar.

– Nunca es tarde para rectificar. No sé, hay un mundo fuera de las cuatro cosas que yo hago: voy a misa los domingos con mi madre, como un autómata; estudio para sacar buenas notas… pero eso no me sirve, ahora lo veo claro. Nunca me había parado a analizar el porqué de las cosas. Tengo todo ante mis ojos y yo siempre paso de largo…

– Creo que no soy muy buena dando consejos, pero puedo decirte que yo llevo casi tres años viviendo un poco al límite. Dentro de poco cumpliré dieciocho, y no creo que sienta nada especial llegado ese momento. Seré mayor de edad, legalmente hablando, pero me da la impresión de que he madurado antes de tiempo…Tú estás en el momento ideal, procura no pasarte con lo que decidas hacer, controla todos tus actos, todos tus vicios, si es que los vas a tener, claro, y, sobre todo, no te dejes dominar por ellos.

– ¿Qué quieres decir?

– Mira, llevo tres años metiéndome de todo, pero sé cuándo hacerlo y cuándo no. No sé si me entiendes.

– La verdad es que no, no entiendo lo que tratas de decirme.

– A ver… El que yo fume porros no quiere decir que lo tenga que hacer todos los días, ni desde que me levanto hasta que me voy a dormir. Puedo pasarme un mes de vida sana, yendo al monte, a correr en bici… Joder, eso, que si vas a lanzarte al vacío, debes llevar un buen paracaídas mental.

– Vale, lo tendré en cuenta.

Pedro se sentía inferior, a lo que también contribuía el hecho físico de estar sentado en el suelo mientras Ingrid permanecía casi tumbada decubito supino unos escalones más arriba. Notaba toda la fuerza que emanaba de su interior, de cada palabra que ella pronunciaba con ese tono de voz tan envolvente, tan agradable y tan seguro al mismo tiempo. No estaba a su altura, no debía hacerse demasiadas ilusiones. Habían follado, y ella no le estaba dando la menor importancia a ese hecho, lo que le hacía presuponer que ella estaría más que acostumbrada a manejar a los chicos a su antojo; y con él no tenía ni para empezar. Se consideraba a sí mismo como un oponente demasiado fácil, una buena presa, un antílope tullido ante una leona hambrienta.

– ¡Ingrid?

– ¿Qué?

– Sobre lo de antes… Bueno, ya te dije que era la primera vez, en todos los aspectos, vamos.

– ¡Bah! No te preocupes, tío. Sencillamente me apeteció y punto. No vayas a creer que me gustas, o que me estoy enamorando de ti. Me caes bien. Eres un tío raro, de los que quedan pocos. La verdad es que, bien mirado, se puede decir que eres hasta guapo, pero te sacas muy poco partido: ese pelo, esa pinta tan de señor mayor.

Ingrid acarició el pelo de Pedro, luego se incorporó, flexionó su tronco y le dio un beso fugaz, de una décima de segundo, en los labios. Con ese gesto cariñoso, Pedro comprendió que no tenía ninguna opción para enamorar a aquella chica. A él sí que le gustaba Ingrid, se había colado por una chica por vez primera, pero, en un corto intervalo de tiempo, ya comenzaba a notar en sus vísceras los sinsabores de su recién estrenado desengaño amoroso; sensación que hizo aumentar los efectos secundarios del costo fumado y del whisky bebido. La Tierra comenzó a rotar mucho más aprisa. Notó como su estómago empujaba con fuerza hacia arriba e intentaba expulsar de su interior lo poco que aún contenía. Dos arcadas, y se tuvo que poner de pie e irse corriendo a una esquina para vomitar por segunda y última vez. En esta ocasión, Ingrid sí que se ocupó de él. No todo estaba perdido, al menos podrían ser amigos.

… DE LA VIDA IX…

IX.

    – Ingrid fue mi primer amor. Bueno, no sé si amor es la palabra correcta en este caso, aunque, por lo que a mí respecta, sí que creo que sentía amor… Ella me daba mil vueltas, había vivido mucho más que yo; sabía más de la vida, del mundo real, que toda mi familia junta. Yo era un auténtico vegetal: dieciséis años, y ni siquiera me había hecho una simple paja. Es alucinante visto desde la distancia… ¡Vaya un capullo que estaba hecho!

      Fernando escuchaba atentamente sin alcanzar aún a comprender de qué iba todo aquel rollo. Probablemente sería algún problema sentimental, y lo había escogido a él para desahogarse; o quizás el destino le había hecho aparecer en escena en el momento más oportuno. Fernando notaba como nacía dentro de él una agradable sensación de felicidad que le producía pinchazos de placer que se expandían, en cortos intervalos, por todo su ser.

     Pedro interrumpió por un instante su relato para prender un cigarrillo y poner en su recientemente adquirido reproductor de cedés el Blue Bell Knoll de los Cocteau Twins. Uno, dos, tres toques al botón FW, Carolyn’s Fingers, guitarra, dos caladas más, veintidós segundos, y la voz mágica de Elizabeth Fraser de fondo servirá para seguir conversando.

      – ¿Quieres uno?

     – No, gracias, no fumo. Ya sabes que soy de los que más protesta porque fuméis dentro del aula entre clase y clase.

       – Pues aquí vas a tener que joderte. Si tienes interés en escuchar lo que tengo que contarte vas a tener que tragar bastante humo.

       – Hombre, si es por una noble causa, no me importa.

       – Joder, vaya un caballero que estás hecho. Bueno, ¿por dónde iba? ¡Ah!, sí… La conocí en una boda, la de mi prima Natalia, y pasó como un auténtico torbellino por mi vida. Esa noche tuve más experiencias, más sensaciones que en dieciséis años de anodina existencia. Probé las drogas por vez primera: algo de coca y también porros. Bebí más de la cuenta, cuando nunca antes lo había hecho… Tuve mi primera relación sexual (con Ingrid, por supuesto), aunque aquello resultó un puto desastre. Claro, si no me masturbaba, no podía controlar el tema de la eyaculación y tal. Ya sabes, ¿no?… Y me corrí al tercer o cuarto movimiento. Encima, ella después no me hizo ni puto caso. Vamos, que inicialmente pasó de mí como de la mierda, aunque tampoco se rió de mí y todo eso; sencillamente me probó y se fue, eso sí, una vez que se había autosatisfecho digitalmente – con el dedo, quiero decir -, mientras yo me estaba hundiendo en mi propia desolación; borracho, drogado y follado por primera vez… Joder, tres en uno, y ninguno me había producido placer…

      Otro instante de silencio, esta vez más largo que el anterior. Pedro fumaba y miraba al infinito, como repasando todo paso por paso, sintiendo en su corazón las puñaladas que provoca el fracaso visto desde la lejanía en el tiempo. Fernando seguía atento, pero sin atreverse a romper el sagrado silencio que reinaba en la habitación. Volvió a centrarse en la foto que Pedro le había enviado por vía aérea.

     – Esa foto nos la hicieron ese día, en la boda. Está tomada como un par de horas después de lo que te acabo de contar. Mira yo que cara de imbécil tengo. Sin embargo, Ingrid está radiante. Bueno, se le nota un poco el pedo que llevaba. Yo también iba fino, pero para entonces ya había echado la pota un par de veces.